Y otra cuenta saldada más. Porque uno de los problemas de no haber catado una consola de sobremesa (más allá de la PS2 años ha, y las pachangas semanales al FIFA de turno con la redacción ahora mismo) y abrazar la PC Master Race flojito es que uno se pierde según qué juegos; por ejemplo, las aventuras de cierto dragón morado con complejo de Tío Gilito y una preocupante querencia por saber volar sólo a ratos. Así pues, cubierto este vacío videojueguil de mi infancia, al lío con el análisis. (Nota: Como ya hicimos con Crash Bandicoot N Sane Trilogy , analizaremos los tres juegos como si fueran uno solo; además, será un análisis junto con Schatz, y hablaremos tanto de su versión en PC como de la de Switch) Éste es el Spyro de siempre, pero con sombrero nuevo. Un sombrero que, según cuál de las tres entregas toquemos, le quedará bien aunque con sus peros, o darán ganas de pegarle fuego y arrojar los restos al hediondo pozo infernal del que jamás debería haber salido. Y el pri...
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