Uno de los últimos bundles que han visto la luz (¿cómo que sólo digo esto para colar lo del partner? Esa acusación me indigna tanto que ya no os pienso decir que el de Rockstar sigue abierto), pude al fin echarle mano a Aragami , un juego patrio al que tenía ganas desde hacía tiempo. Un juego con más sombras que luces (en cuanto a valoración, no en el juego. Que también). Y ya aviso que no será un análisis muy largo. Yamiko, una joven de cabello blanco, nos ha invocado a nosotros, el Aragami, para que la rescatemos de las garras de Endesa los Guerreros de la Luz, que se han apoderado del país. Nuestro deber será encontrar ciertos talismanes para poder salvarla a ella y a la emperatriz, valiéndonos para ello de las sombras, nuestros poderes ultraninjas, y nuestra tan raída como ideal capa roja de asesino malote. Aunque en términos generales Aragami es un juego más que correcto, una vez metidos en harina la cosa empieza a tambalearse. Y el máximo exponente de ello es, iró...
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