Aunque los videojuegos siempre han sido considerados una simple forma de entretenimiento más bien básica y a menudo violenta, no hace falta buscar mucho para encontrar grandes obras que rompan esta visión. El panorama indie es especialmente prolífico en este sentido, y nos falta espacio electrónico para comentar todas aquellas obras dignas de ser jugadas. Thomas Was Alone es uno de esos imprescindibles, un juegazo de los pies a la cabeza que no necesita más que unos cuadrados de colores para deslumbrar. Tener pocos polígonos no suele augurar nada bueno en esto de los videojuegos. Todos recordamos esos tiempos en los que los protagonistas parecían hechos a base de doblar papeles. Eran tiempos difíciles, en los que la imaginación era el mejor filtro de suavizado para evitar que los dientes de sierra nos recortaran las retinas. Pero Thomas Was Alone hace de los polígonos su pieza central. Literalmente. Thomas, el principal protagonista de la historia, es un cuadrad...
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