'Haceos con Ori and The Blind Forest cuanto antes, no os arrepentiréis'. Ése podría ser mi análisis, porque con este juego sobran las palabras; también es cierto que me estaría horas y horas hablando de sus maravillas, que son muchísimas, empezando por un apartado visual cuidado hasta la náusea. Así que intentaré encontrar un punto medio, y contaros cuantísimo he disfrutado en mis algo más de catorce horas correteando con Ori por el bosque de Nibel. Sólo por los diez primeros minutos del juego (en tu cara, Up ) merece la pena pagar lo que sea: controlar a Naru y Ori alternativamente mientras salen a recolectar fruta antes de que la fatalidad caiga sobre ellos es de una belleza sobrecogedora; en contraste con ello, una jugabilidad rayana en lo frustrante, que exige todos los reflejos, la pericia y la atención del jugador (amén de mucha, mucha paciencia). Porque Ori es un ser de luz demasiado joven y puro para su mundo. Y su mundo es un pozo sin fondo de sadismo y mald...
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