A poco que echéis un vistazo por el blog, sabréis es verdadera devoción lo que hay por lo indie; unidle a eso que, desde que asomó la pateja hace tres años, estamos en un sinvivir con Cuphead (de hecho, Twisen nos trajo la charla sobre el juego que dieron los creadores allá por agosto). Así que, como entenderéis, en cuanto ha aparecido en nuestras vidas no hemos podido por menos que viciarnos como si lo fueran a prohibir para traeros el análisis. Cuphead y Mugman son dos jovencitos confusos que por puro azar acaban en el casino del Diablo; allí, tras venirse arriba por la racha ganadora, acaban perdiendo contra el propio dueño, y son condenados a entregar sus almas (eso es lo que pasa cuando no leéis los términos y condiciones, niños). Tras mucho suplicar, el Demonio "acepta" perdonarles si, a cambio, les dan lo suyo y lo del marqués a todos los que le deben dineros. Así arranca Cuphead , el Dark Souls de los juegos indie dibujados a mano sobre tazas mutantes que ...
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