Los juegos de puzles son una gran forma de mantener la mente en orden. Básicamente, porque la mayoría de ellos tratan de poner cosas de cierta manera para conseguir algo. Colocamos caramelos de colores. Movemos seres vivos de todo tipo. Incluso tiramos de un lado a otro a niños en avanzado estado de congelación . Pero la imaginación no tiene límite alguno, y sólo era cuestión de tiempo que alguien decidiera hacer puzles moviendo átomos. Cierto que los caramelos de verdad también están hechos de átomos, pero asumamos que la física atómica de los videojuegos no es la misma que en la realidad. Sokobond es uno de esos juegos que funcionaría perfectamente sin necesidad de un marco, pero tenerlo le va de perlas. Así, podemos definirlo como un juego de química, consistente en crear moléculas más o menos complejas a partir de átomos. En cada puzle encarnaremos a un átomo concreto, por lo que podríamos tratarlo también como una suerte de enrevesado simulador atómico pionero en un mu...
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