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[Análisis] Owlboy

Corría el 16 de mayo de 2017 cuando vio la luz el Humble Indie Bundle 18, una selección de algunos de los mejores juegos independientes, uno de los cuales ya analizamos en su día en esta santa casa. Cinco meses después, y con La Pila™ amenazando con caérseme encima, me dispongo a hablar del juego top de ese bundle: Cómo acosar a un niño pollo Owlboy.


Nos encontramos en Vellie, un pueblo flotante de una civilización de hombres-búho (que de búho tienen la cara y ya, porque en vez de alas llevan wingsuits) en la que habita Otus, un chico mudo y, para qué negarlo, bastante... (¿alazas? ¿garrazas? ¿Es adecuado decir que un chico-búho (en adelante 'lechuchacho') es un pato, o en esa sociedad se considera racismo?) torpe, al que todo el mundo tiene enfilado por lo que sea. El caso es que los piratas robot atacan Vellie cuando se supone que Otus debía estar vigilando (también se las va buscando el chaval) y le encasquetan la tarea de salvar el mundo. Y a partir de aquí la historia empieza a meter unos giros que ni Shyamalan dirigiendo un episodio de Perdidos, oigan.

Los primeros minutos de juego transcurren entre la maravilla de pixel art que es cada pantalla y cada personaje, el embelesamiento con la enormérrima banda sonora, y el mal rollo de ver el bullying a muerte al que se ve sometido Otus por parte de profesor, vecinos, abusones, y cualquiera que pase por allí: que si vaya birria de aguante en vuelo, que si menudo cagueta estás hecho, que si menudo calor para ser octubre y seguro que es culpa tuya... el pobre lechuchacho no gana para sustos.

Y el juego no se corta a la hora de mostrarnos lo que siente nuestro pobre protagonista...

Para ser justos, no es que Otus sea el héroe definitivo: volar, girar sobre sí mismo y agarrar cosas es todo lo que puede hacer. Ni atacar, ni matar, ni hacer una paella para doce... nada. Eso sí, para eso tiene a sus amigos, especialmente a Geddy, uno de los cañoneros del pueblo. Así, será Geddy (y otros dos personajes que se aliarán con Otus a lo largo de la historia) el encargado de atacar a los enemigos mientras Otus avanza por un enorme mapeado de corte metroidvania; será muy habitual volver a algunas zonas para abrir caminos que antes no podías investigar.

El juego, además, recompensa y mucho la exploración: escondidos en los escenarios principales y mazmorras nos esperan cofres y aros cargados de tesoros, que podremos invertir en mejoras en la zona base, Tropos; esas mejoras van desde mayor salud para Otus hasta armas más fuertes para nuestros aliados, pasando por sombreros cuquis para nuestro lechuchacho. También hay ciertos discos, más difíciles de encontrar, que nos darán valiosa información sobre el mundo que nos rodea y cómo llegó a estar como está.

Y hablando de mazmorras, es en ellas donde avanza la historia, y donde la habilidad de Otus y la puntería de Geddy y compañía deben salir a relucir. Los enemigos pueden llegar a ser bastante puñeteros, y el laberinto de túneles que conforma algunas de dichas mazmorras tampoco invita a relajarse. Al final de cada mazmorra encontraremos el típico jefe; éstos, muy al estilo de los juegos de antaño, mantendrán siempre los mismos patrones de ataque en cada fase, pero aumentando su peligro (si normalmente disparan x proyectiles cada x tiempo, aumentarán las balas y/o disminuirá el intervalo entre disparos, por ejemplo).

También hay espacio para el típico jefe de scroll lateral (un sapo robot, porque pueden)

Aquí es donde habitualmente pongo los puntos negativos del juego... pero es que no se me ocurre ninguno. No considero un fallo que esté en inglés (me remito a lo dicho sobre ello en el análisis de Cuphead), y es lo único que podría achacarle.


Una historia con giros muy chulos y personajes que son carisma puro, un protagonista con el que empatizas desde el minuto uno, una gran banda sonora, un pixel art flipante... vamos, recomendado no, recomendadísimo.

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